miércoles, 12 de febrero de 2020

Almas...



   Desde el principio entregó todo:
   Su corazón, sus pensamientos, sus vivencias.
   Un amor intenso, el que siempre soñó encontrar.
  
   Se deshizo en abrazos, besos, caricias....
   Y se las dedicó por completo.
   Compartió miedos, sueños, ilusiones.
   Regaló su ser entero, sin importarle nada más
   que eso.

   Pero es bien sabido que quien ofrece su vida
   desea ( lo exprese con palabras o no )
   recibir un pedacito para sí mismo.

   Detalles, aparentemente sin importancia,
   esos que solamente se ofrecen con el alma
   pero que alimentan y nutren ese jardín del cariño,
   los que se esperan cada día, sin necesidad
   de una fecha especial.
   Lo que no se pide, aunque se sueña a cada instante.
 
    Así que le quedaba la espera ilusionada y las mismas mariposas,
   esas que eran impulsadas desde mucho tiempo atrás.
   Porque el amor seguía siendo el mismo dentro de su ser.
   La emoción, a ratos escondida, nunca desaparecería...
   
   ¡ Cuántas palabras deseaba escuchar,
   cosas bonitas, nacidas del interior !
   Recibir alegrías de las manos tan amadas...
   Llenar su espíritu de la magia de sentir
   que la otra persona la amaba del mismo modo.



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